¿Dónde estamos cuando hablamos con los demás?

Una atención pobre o distraída hacia los demás cuando conversamos produce un impacto negativo y afecta las relaciones de todo tipo. Cuando damos toda nuestra atención a los demás, les ofrecemos un regalo inesperado en estos tiempos estrasantes, en los que con demasiada frecuencia dejamos las interacciones sociales para “cuando tenga tiempo”.

Proporcionar a otra persona toda nuestra atención no es una hazaña sencilla, pero vale la pena: estar presente puede transformar no sólo nuestras relaciones interpersonales, sino también a nosotros mismos.

En última instancia, dar a otra persona tu atención indivisa, aunque sea brevemente, es lo menos que un individuo puede hacer por otro, sin embargo, la creencia errónea de que atender varias cosas a la vez es productivo, genera un sinnúmero de fracasos  y un creciente clima de crispación.

Atender a otros en forma exclusiva no sólo les ayuda, sino que nos ayuda a nosotros, evocando respuestas que nos hacen sentir cuidados, útiles y conectados con el mundo que nos rodea.

Prestar atención puede ser un esfuerzo individual, pero también es una especie de cemento social que mantiene a los grupos unidos y les ayuda a sentirse parte de algo más grande que ellos mismos.

¿Cómo podemos estar más presentes en nuestras conversaciones con los demás?

  • Pregúntate: ¿Cuál es mi intención en tu próxima conversación?
  • Concéntrate completamente en la persona que está frente a ti. Sin revisar el móvil, ni el ordenador.
  • Haz contacto visual, escucha y haz preguntas abiertas.
  • Tómate unos minutos entre reuniones para centrarte.
  • Escucha lo que es importante para la otra persona. La escucha activa comienza con el verdadero deseo de entender a otra persona a través de sus sentimientos.

Si te sientes especialmente frenético, un espacio de respiración de tres minutos ayudará a aclarar tus pensamientos, a calmar todo tu enfoque de la vida y te hará mucho más productivo.

En otras palabras, debes escuchar con una curiosidad genuina hacia la otra persona, no sólo como una excusa para expresar lo que tienes que decir. Si entras en la conversación enfocado genuinamente en la otra persona, lo notarán y te apreciarán por ello.

 Si eres capaz de mantener tu mente enfocada en el momento presente, poco a poco el desgaste de energía dará paso al equilibrio.