“El secreto para ser aburrido, es decirlo todo», decía Voltaire

 

“El secreto para ser aburrido, es decirlo todo», decía Voltaire, refiriéndose a la mala costumbre de los oradores que apabullan a su audiencia con cifras, datos, citas y diapositivas interminables.Al contrario, el orador debe dosificar la información de acuerdo a las características de sus oyentes y a la vez, permitirles descubrir la información por sí mismos. Esta regla de oro funciona especialmente bien cuando se traba de entregar un discurso motivacional.
Un discurso para generar motivación evita el uso de las palabras con fuerza negativa: (No, nunca), excepto cuando desea mostrar el camino a seguir contraponiendo una solución positiva a un problema.
También es importante resaltar la importancia de formar parte de un todo, aunque con características individuales. El desarrollo individual se enmarca dentro de un todo para lograr un objetivo común, el sentimiento de estar unidos por valores que trascienden al individuo permitirá alcanzar las metas.
Otra característica es resaltar la presencia de crisis y obstáculos como oportunidades para el desarrollo de mejoras, innovación y creatividad.
Como en cada una de tus presentaciones, las charlas o discursos para motivar, sólo serán provechosas si sabes quiénes son tus oyentes y qué esperan escuchar: ¿Información? ¿Innovación? ¿Soluciones a un problema?
Las referencias directas a los valores que sustentan al grupo pueden ser factores críticos en tu éxito como presentador, ignorarlos sería peligroso. Al mismo tiempo, debes calibrar cuáles son las emociones más adecuadas para entregar tu discurso de acuerdo al contexto.
Unas cuantas preguntas previas te ayudarán a dimensionar tus palabras y serán especialmente útiles si deseas generar una dinámica motivacional que avance hacia la acción:
1. ¿Las personas presentes son las que realmente necesitas motivar/convencer? ¿O es alguien más?
2. ¿Están presentes otros jefes u otros líderes de opinión?
3. ¿Hay consideraciones políticas sobre el tema?
4. ¿Has tomado en cuenta a los medios de comunicación?
5. ¿Qué saben y esperan estas personas sobre tu tema?
6. ¿Tienen expectativas con respecto a su presentación? ¿Cuáles?
7. ¿Cómo beneficiará su mensaje a estos oyentes?
8. ¿Cuál es el contexto emocional de la ocasión?
9. ¿Los asistentes están aquí voluntariamente o no?
10. ¿Tu charla fomenta la cohesión y motivación del grupo?
Una vez que respondas a éstas preguntas debes definir la cantidad y el nivel apropiado de conocimiento que vas a entregar, incluyendo solamente la información crítica, no tiene sentido ser demasiado extenso, a riesgo de sufrir el síndrome de “querer decirlo todo”.
Una práctica muy común entre los oradores motivacionales es el trabajo de investigación previo relativo a 3 puntos de interés sobre el tema del que van a hablar:

1. ¿Ha escuchado la audiencia presentaciones sobre el mismo tema anteriormente?
2. ¿Quiénes fueron esos oradores? ¿Tuvieron éxito? ¿Por qué si o por qué no?
3. ¿Puedes obtener información de las presentaciones previas sobre el mismo tema que se han realizado con este grupo?

Y en cuanto a las emociones y el contexto es imprescindible saber si la audiencia ha vivido algo especial recientemente que tenga un impacto positivo o negativo en su receptividad. No es lo mismo ofrecer tu discurso a un grupo de vendedores en época navideña, que a un grupo de maestros después de una catástrofe natural.
Finalmente, tus oyentes deben creer que estás hablando no solo para tu beneficio, sino para el de ellos. ¿Eres capaz de llegar a tu audiencia con ese grado de veracidad?