¡Hola, Bienvenid@s!

Vengo de una familia que aprecia la aventura, el arte y la búsqueda de un futuro mejor. Somos cabezotas, rebeldes y no abandonamos nada a la primera.

Cuando me llegó el turno de emigrar, gané una beca en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y apenas la vi, caí enamorada de la ciudad y su gente. Me  mudé a Barcelona, conocí a mi marido y aquí vivo desde hace 20 años.

Llegar a otro país y adaptarse es una aventura con grandes claroscuros. Para un emigrante, todo es más difícil, no sólo en el aspecto laboral, sino en la vida de cada día. Hasta que no llegas y pones el pie, no te das cuenta de que no puedes hacer nada “como lo haces siempre” porque estás inmerso en una nueva cultura y una lengua que no conoces, aunque se le parezca.

Tuve la bendición de conocer gente maravillosa que siempre me ayudó, pero igualmente, como extranjera pasé por situaciones en las que me sentí fuera de lugar.  Las relaciones sociales tienen códigos distintos en otro país y la autoestima es lo primero que se resiente cuando no encuentras trabajo.

En algunos momentos experimenté mucha dificultad para adaptarme, caí en lo que llamo la “depresión rabiosa”, cuando te sientes víctima, identificas a los “responsables” fuera de ti y te pones en pie de guerra contra ellos.

De la impotencia al empoderamiento

¿Dónde estaba la vida que aspiraba para mi si no tenia paz, ni alegría, ni disfrutaba de mi vida?

Un buen día tuve la revelación de que estaba jugando a las escondidas conmigo misma porque la magnitud de mi propia energía me daba miedo, por eso sistemáticamente eludía mostrarme. El espacio de la queja me resultaba insufrible, pero era un espacio conocido.

Con todo el temor al fracaso que te puedas imaginar, me aventuré a ser yo misma, dejé de hacer cursos y decidí mostrarme.

Inmediatamente las piezas comenzaron a encajar.Te invito a conocer mi trabajo y experimentar por ti mismo/a la magia de la palabra.