Cuando comenzamos nuestra vida profesional, nos damos cuenta de lo importante que es el lenguaje corporal y  demás aspectos de la comunicación no verbal. Ya sea que desees iluminar un escenario, dar un discurso motivacional  o crear un espíritu de colaboración en tu equipo, hoy te hablaré de algunos secretillos del lenguaje corporal que he recogido a lo largo del tiempo y que bien utilizados, dan muy buen resultado.

Errores clásicos en el uso del lenguaje corporal

 

1. Una postura incongruente o poco trabajada

 Tu confianza en ti mismo se refleja aunque no quieras, en tu forma de estar de pie. Toma coraje y comienza a hablar frente al espejo como si estuvieras dando un discurso. ¿Tienes los hombros caídos, te sostienes en un solo pie, pones las manos en la cintura como Superman o te las metes en los bolsillos?  Esos gestos transmiten la incomodidad y el desequilibrio del orador, incluso  el de Superman. Es cierto que algunos coach recomiendan el gesto Superman en algunos casos concretos, ya que la postura corporal no solo refleja sino que puede moldear la experiencia del orador. De eso hablaremos en el próximo post.

El primer ejercicios consiste en saber cual es tu lenguaje corporal natural, eso significa mirarte mucho al espejo mientras hablas. Todo se puede mejorar.

2. Evitar el contacto visual.

Hay presentadores que se empeñan en hablar mirando al piso; hay otros que usan PowerPoint y miran obsesivamente la pantalla mientras casi se ponen de espaldas al público; otros tienen una excelente relación con sus notas y ninguna con la gente que los mira desde sus asientos. La confianza personal es uno de sus productos más valiosos al hacer una presentación y ese atributo comienza con el contacto visual.

3. Crear una barrera

Este error tan frecuente tiene muchas variaciones. He visto muchos presentadores de pie con los brazos cruzados o con las manos delante de la entrepierna; otros prefieren restregarse las manos como si se “lavaran” las manos mientras hablan; incluso algunos no se cortan y ponen  la palma hacia el público como si dijeran: “¡Detente!” , otros se ponen a mirar el techo mientras piensan. Cada uno de estos gestos crea una barrera física frente a los oyentes. El lenguaje corporal es importante no sólo para transmitir tu mensaje. Juega un papel importante en cómo la gente te percibe e incluso en cómo te sientes tu acerca de ti mismo.  Deja que tus brazos caigan a tus lados, y si los mueves, haz que tu gesto apoye o dé énfasis a tu significado. Ten cuidado de no caer en la exageración, no se trata de hacer cine mudo. Una vez más, la práctica frente al espejo es tu mejor herramienta.

4. Uso improductivo del espacio.

El público espera un presentador, no una estatua. De hecho, es tu trabajo ordenar el espacio. El uso de diferentes partes del escenario le dice a un público que estás cómodo allí arriba; y algunas técnicas te ayudan a utilizar el espacio para enfatizar ciertas partes de tu discurso. Si te colocas en un punto diferente para clarificar cada uno de esos puntos, los oyentes entenderán mejor. Acércate a tu público para contestar preguntas y comprueba si te han entendido.

5. Gestos débiles, agresivos o repetitivos.

Los oradores ansiosos siempre preguntan “¿Qué debo hacer con mis manos?”. La respuesta es simple: un gesto debe ser una parte integral de lo que estás diciendo. Cada gesto que haces debe ser claro, apoyar firmemente el mensaje  y terminar de manera limpia. Repetir gestos significa que tanto tu como tu mensaje han caído en un bucle en el que los dos pierden efectividad. La mitad del discurso se transmite a través de tu movimiento, por eso bebes procurar que las manos digan lo mismo que tus palabras. ¿Cómo reaccionarías ante un orador que te apunta insistentemente con su dedo índice? ¿Cómo te impacta  un discurso motivacional que se apoya en dos manos firmemente entrelazadas?

6. Relacionarse mal con la audiencia.

En lugar de cultivar la influencia positiva con una audiencia, los  nervios o la falta de preparación hacen que el orador caiga – sin querer- en el antagonismo. Muestran expresiones faciales negativas, asienten con impaciencia a un interlocutor para que se calle y  puedan responder, apuntan con un dedo rígido a la audiencia en lugar de usar un gesto de “bienvenida”, o incluso miran al piso mientras le hacen una pregunta. Estos gestos del lenguaje corporal son claros indicios de que el orador preferiría estar en cualquier otro lugar antes que en el escenario. Muy pronto, por supuesto, la audiencia estará de acuerdo.

7. Uso torpe de objetos.

He visto los punteros láser que bailan juguetonamente cerca de los ojos de un miembro de la audiencia; bolis y otros instrumentos de escritura sostenidos pero nunca utilizados en una presentación; tizas lanzadas al aire durante una conferencia; micrófonos ondeando en el aire como parte de un gesto. Al igual que los actores utilizan objetos como apoyo, los oradores deben utilizar a los objetos en lugar de ser utilizados por ellos. Para interactuar con objetos, un ejercicio mínimo que puedes hacer es salir de detrás del atril (siempre que sea posible) y evitar por todos los medios que el discurso se transforme en una lectura de fichas pesada: ésta es la peor barrera física de todas.

Si quieres mejorar tus habilidades para hablar en público -insisto una vez más- una forma efectiva es practicar la congruencia entre tus palabras y tu lenguaje corporal frente al espejo. No olvides que el público es capaz de perdonar los nervios del orador siempre que muestre respeto verdadero por su audiencia.

¿Cuándo consultar con el coach?

 

  • Cuando las palabras y el lenguaje corporal van cada uno por su lado.
  • Cuando los nervios hacen que te olvides de las palabras y más tarde abandonas la idea de hablar en público.
  • Cuando no puedes evitar caer en un miedo irracional.
  • Cuando el miedo a hablar en público frena tu progreso profesional.

No te des por vencid@, practica frene al espejo y si necesitas algo más, ¡Contacta!  patricia@patriciapari.com

HABLAR EN PÚBLICO: ¡NO SÉ QUÉ HACER CON LAS MANOS!

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