“No hay mayor negocio que vender a gente desesperada un producto que asegura eliminar la desesperación”  Aldous Huxley.

Alguna que otra vez, yo también caí en la desesperación, compré la varita mágica que me prometía el éxito y –como suele suceder- me estafaron.  El mundo filosófico, de la psicología y  la inspiración, me atrae desde siempre, considero a las personas una unidad física, mental, emocional y espiritual. Vamos, soy carne de cañón para estos cursos.

Después de algunas caídas en el terreno de la autoayuda, me enteré de que un amigo mío fue a ver hace poco a uno de los más renombrados gurús de los negocios (un subproducto muy de moda, que aúna negocios y espiritualidad). Quedó tan impresionado que compró el curso siguiente y se lo conto a todo el mundo en su blog.

Esto me hizo reflexionar sobre el sistema de captación de los sistemas de autoayuda y cómo cualquiera puede caer en ellos, porque apuntan a nuestros más profundos temores y deseos. Veréis que es simple, pero muy eficaz.

  1. Todos los sistemas de autoayuda (para el éxito, el amor, la salud, la prosperidad, etc.) tienen uno o varios gurús fundadores del sistema y aseguran que el método solucionará aquello que nos preocupa.
  2. El principal objetivo, lo repiten hasta el cansancio, es ayudarnos a que nos ayudemos. Pero para eso hay que comprar el curso. Venden su sistema, curso, piedra de la suerte, o lo que sea, fraccionando el conocimiento en niveles: II, II, III, etc.
  3. Dentro del sistema hay partes que no se pueden comprobar. Puede ser que hayan surgido de una revelación del líder fundador, o fueron canalizados, o pertenecen a un manuscrito encontrado en una cueva. Se necesita primero, creer y luego, realizar una serie de pasos, movimientos o rituales, para que el método funcione.
  4. Si la cosa no nos funciona, el problema es que no creemos lo suficiente, no practicamos lo suficiente, no hemos seguido los pasos como corresponde, o tenemos “resistencias”.
  5. Las “resistencias” en la implementación del método se pueden salvar generalmente, comprando otro curso, para que podamos superar los bloqueos y conseguir lo que deseamos.
  6. Casi todos los sistemas de autoayuda aplican unos supuestos incuestionables, que se dan por válidos y se expresan como un mandato: tú puedes conseguir todo que deseas, todo está en tu mente, cambia tu mente y cambiarás tu vida, todos podemos adaptarnos a los cambios, las limitaciones vienen de ti, el amor y el éxito te están esperando, tú puedes dejar de sufrir cuando quieras, etc.

Nosotros, los que alguna vez fuimos estafados, también tenemos lo nuestro. Tengo contacto con este mundo desde hace más de 20 años y desde luego, no todos son maestros estafadores. Pero hay bastantes. ¿Cuál es nuestro papel en esta ecuación?

  1. Creemos que el psicólogo, el gurú o la profesora de constelaciones tienen unas respuestas que están ocultas y que únicamente podremos descifrarlas mediante la sabiduría de ellos, no la nuestra.
  2. El tipo de personas que asiste a los cursos tiene grandes frustraciones y están doloridas, física o emocionalmente. Cuando algo nos duele, nos vuelve más vulnerables de lo que suponemos.
  3. En estado de sobrecarga o stress, confundimos el alivio de la descarga emocional con verdadero aprendizaje. Además, compartir en grupo los mismos objetivos e ilusiones, nos hace sentir parte de una comunidad de seres “especiales”, con una “misión”.
  4. Cuando vamos a solicitar ayuda al gurú, o asistimos a sus cursos, no somos totalmente conscientes de cómo cedemos nuestro poder a otro. En términos de poder, estamos entregando parte del nuestro a otra persona, porque creemos que mediante su conocimiento puede descubrir algo que está oculto para nosotros. Al no creer que podremos solventar eso que nos duele por nosotros mismos, nos ubicamos sin saberlo, por debajo del gurú, no estamos al mismo nivel.
  5. Inconscientemente investimos a la persona gurú con poder, y no le cuestionamos demasiado lo que hace o dice, dejamos pasar aquello que no nos termina de encajar, por eso cuando no responde a nuestras expectativas -cosa que afortunadamente pasa siempre-, nos sentimos estafados. Muchas veces, eso es así, otras, nos hemos estafado depositando en ellos la confianza que deberíamos tenernos a nosotros mismos.
  6. Por miedo y falta de amor propio, preferimos ver la vida mirando a través de las gafas de los gurús, en lugar de descubrirla por nosotros mismos.

Todos, los gurús de la autoayuda y los mortales comunes, somos exactamente iguales, con el mismo potencial y con las mismas incapacidades. Ellos y nosotros damos consejos, pero no los seguimos. Eso sí, unos ganan más que otros.

En realidad, lo mejor que nos puede pasar es que nos estafen, y a lo grande, porque así, podremos volver la mirada hacia nosotros mismos y avanzar hacia adelante sin muletas ni amuletos.